jueves, 8 de marzo de 2012

LAS IDEAS SON A PRUEBA DE BALAS



Hay lugares que la mayoría de las personas ha pisado por lo menos alguna vez en su vida: un hospital, una escuela, un parque o alguna biblioteca. Hay millones de éstas alrededor del mundo. Unas son grades, otras pequeñas; pero al final siempre son un guardianes de grandes universos contenidos en forma de libros.
Hay una biblioteca entre las calles de Tlapan y las Torres; cerca de dos escuelas, una secundaria y una primaria. El pequeño edificio destartalado se encuentra en medio de la calle, prácticamente invisible para los transeúntes que pasan frente a él, ignorándolo y siguiendo su camino. La pintura verde claro se ve desgastada por el paso de los años y las grietas se hacen camino por las paredes, como trazando con tinta invisible todas las historias que se han vivido dentro y fuera del inmueble.
La puerta de metal es custodiada por un policía que después de revisar meticulosamente a cualquiera que desee entrar, se hace a un lado descubriendo a  una mujer de edad avanzada detrás de un escritorio con pinta de querer estar en cualquier otro lugar. Después de esos obstáculos se encuentra una pequeña sala en la que hay sólo 4 mesas de 6 sillas cada una, todas de madera que desgastada y apolillada que da la impresión de estar ahí desde la época colonial. Sólo hay un grupo de niños de primaria haciendo unos carteles e intentando no hablar fuerte para que la señora del escritorio no los asesine con la mirada.
Es detrás de las mesas es que se encuentra la verdadera magia: numerosos estantes de libros pulcramente acomodados por materias y por autores se hacen camino en el lugar. El olor a libro viejo se concentra fuertemente en los pasillos de novelas. Ernest Hemingway está ahí, detenido en el tiempo y el espacio gracias a su libro El viejo y la mar. Él forma parte del grupo de escritores viejos que iban a la guerra y escribían al volver; a diferencia de los nuevos escritores que deben cerrar la ventana porque el ruido de guerra no los deja escribir.
Más adelante, hay un libro de Cervantes de Saavedra. Al abrirlo, es inevitable dejar de notar la enorme mancha de café en la página 56; que parece hacer honor al título de la historia que cuenta, la del fiel Don Quijote.
Shakespeare también está ahí, con sus siempre atinadas palabras; Poe, demostrándonos que hay sueños dentro de un sueño desde mucho antes que Christopher Nolan convirtiera la idea en un filme taquillero.
Uno de los estados más difíciles para alguien que ejerce la palabra es querer decir algo y no poder hacerlo. Los nombres plasmados en los libros de esta biblioteca son la muestra infalible de que siempre es posible decir lo que pensamos mediante el lenguaje; que se pueden crear esculturas de palabras que representan nuevos universos, nuevas formas de ver la vida. Escritores que no le tienen miedo a las palabras, sólo respeto. Personas que se atrevieron a dejar volar su mente, a delirar, a soñar; que nos demuestran que cuando se haga silencio, siempre habrá quien grite; que cuando haya odio, habrá quien ame o nos recuerdan que a veces es necesario cortarse las alas para caminar con aquellos que no pueden volar más.
            Cuando regreso a la sala en que están las mesas ya no está el grupo de niños que vi al entrar. En su lugar, está un hombre que mira con una cara frustrada las páginas en blanco que espera rellenar. Páginas en blanco que tienen historias escritas en tinta invisible y que sólo esperan que corra la pluma para poder descubrirse.

miércoles, 7 de marzo de 2012

De agujeros negros y pensamientos repulsivos


Sabía que iba a pasar tarde o temprano. Su débil e inestable personalidad terminó consumiendo lentamente la poca cordura de la que gozaba. O, ¿alguna vez estuvo cuerda? Sonrió amargamente, mientras terminaba de limpiar la sangre de sus manos en el lavabo del baño. 
               Levantó el rostro y quedó de frente al espejo. Unos ojos castaños enmarcados por largas pestañas le devolvían la mirada. No había vida en ellos. Estaban vacíos, sin vida, igual que un agujero negro; pero no le sorprendió. Siguió examinando su rostro: su labio inferior estaba partido y aún sangraba. Su largo cabello cobrizo había perdido toda la elegancia que tenía hacía unas cuantas horas y ahora parecía un maltrecho nido de aves. 
               Se alejó un poco del espejo para poder contemplar su cuerpo entero. El vestido ceñido a la cintura había perdido su natural tono blanco para convertirse en una mezcla de sangre, polvo y pasto. Su cuello tenía una fea marca del collar que horas antes había estado a punto de quitarle la vida.
               Salió del baño y se adentró en la habitación que había traído su desgracia. Dos hombres se encontraban ahí. Uno estaba en el marco de la puerta, totalmente desangrado debido a las puñaladas que había en su pecho; el otro, estaba apaciblemente recostado sobre la cama. Al menos no sufrió, pensó con una triste sonrisa la mujer, que seguía en el marco de la puerta del baño.
               La ventaja de ser un paranoico es que no te preocupas por las fechas del fin del mundo, ya que todos los días podrían ser ese día. Ella siempre había sido paranoica, así que de cierta forma estaba preparada para lo peor pero eso no lo hizo mucho más fácil.
                La policía llegaría pronto, así que tendría que escapar rápido. A dónde, no lo sabía. Lo único que tenía claro era que tenía que alejarse lo más posible de todo. Su nuevo propósito de vida sería no repetir los fracasos del pasado y fracasar en cosas completamente nuevas. Al menos no podían culparla de ser optimista.
               Ya no había nada atándola a ese infame lugar. ¿Sufriría? No, ya estaba muerta en vida. Y los muertos no sienten. A fin de cuentas, volverse insensible es una estrategia de supervivencia apenas más sensata que el suicidio. Moriría de anciana, pero nunca se suicidaría, eso estaba claro.. Tal vez si llegara a morir de un corazón roto o de soledad podría renacer siendo inmune al mismo. Nada le cuesta soñar.

No soy de Marte.


 Llega un momento en el que mi cerebro no soporta la presión. Miles de ideas, obsesiones y traumas se hacen lugar en esa asquerosa e increíble masa gris que tengo en el cráneo, dándome un horrible dolor de cabeza.
Sólo de dos maneras puedo deshacerme de esa presión, una es la música y la otra es la escritura. Es así que nace este blog: como un intento de aligerar un poco la carga de mi cerebro, y de adentrar, al que quiera leer lo aquí plasmado, en mi palacio mental que se construye día con día. 
Lo que verán en este blog, por tanto, será una parte parcial de todo lo que pasa por mi cabeza. Así que, ¡están advertidos! No me hago responsable de los traumas que podría generar la lectura de este blog.
Allons-y!